Nazioartea. International

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El autor rememora el tercer aniversario del salvaje linchamiento del líder libio Muamar al-Gadafi y hace un repaso crítico tanto de la crítica situación actual que sufre el país como de los análisis que la utilizan para justificar la añoranza por el viejo régimen. Las revueltas árabes, entre ellas la de Libia, han dejado un poso de nostalgia que no se corresponde con la realidad. Es como el viejo adagio de que con, o contra, Franco vivíamos mejor.

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La confirmación de que Libia atraviesa una profunda crisis se desprende de una repetición permanente de hechos y situaciones trágicas, desde el momento mismo en que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) comenzó a bombardear a ese país del norte de África, en marzo de 2011, hasta la culminación de la intervención con el asesinato del líder Muammar Al Gaddafi, en octubre del mismo año.

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Amenaza de hambre, incesante guerra intestina, colapso económico y probabilidad de desintegración del país. Tal es el cuadro que presenta hoy Libia, país que recibió una “lección de democracia” de la coalición occidental. ¿Existe la posibilidad de devolver a este país al cauce pacífico y quién debe responder por las gravísimas consecuencias de la revolución apoyada desde el exterior?

Dos años después de la llamada revolución libia la situación en el país no puede ser denominada más que crítica. Las actuales autoridades nominales y los líderes de la nueva ola de protesta bloquean las elementales relaciones económicas de Libia con el mundo exterior, de las que dependen si no todo, al menos muchas cosas. Unos no pueden pagar la importación de alimentos, porque los otros bloquean la exportación de petróleo, tan necesaria para el ingreso de medios al presupuesto. Además, la propia extracción de crudo es diez veces inferior en comparación con los tiempos “prerrevolucionarios”. Y todo esto porque en el país cobraron nueva fuerza las intervenciones armadas de diferentes grupos, que prácticamente bloquearon lo que quedaba de complejo petrolero. Las autoridades intentan controlar a la gente armada, hacer que sean parte de las fuerzas de seguridad, pero los esfuerzos resultan infructuosos. No hay dinero.

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Atentado en Libia

10 de noviembre de 2013.- Atentados dinamiteros y ataques costaron la vida en las últimas horas a un fiscal y cinco miembros de las fuerzas de seguridad del frágil Gobierno de facto libio, según partes de fuentes oficiales circulados hoy.

La víctima fatal más notoria fue el fiscal de la región de Al Jabal Al Akhdar, en la zona de Bengasi, Mohamed al Nass, volado en pedazos por una bomba de tiempo colocada en su automóvil y detonada a distancia, una modalidad utilizada cada vez con más frecuencia por las milicias armadas que imponen su ley en este país del norte de África.

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La “obra” de los “luchadores por la libertad” que dieron fin al gobierno de Trípoli con la ayuda de Estados Unidos, sus restantes socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la derecha árabe, el sionismo y el islamismo extremista, recién acaba de madurar sus primeros frutos.

Se trata de la secesión de la zona de Cirenaica a cuenta de una titulada Junta de Comunidades que integran las bandas armadas participantes en la pasada “rebelión”, jefes de grupos tribales locales y, con toda seguridad, representantes de grandes empresas monopolistas ligadas al negocio petrolero, entre otros interesados en copar los despojos de un país estratégico en el dominio de las rutas del Mediterráneo y con importantes reservas energéticas.

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- Libia: Libertad para los presos políticos "¡No a las ejecuciones!"
Purificación González de la Blanca
- La desintegración de Libia
Polina Lavrentieva
- Secuestro del primer ministro libio Ali Zeidan
Red Voltaire
- La viuda de Gadafi exige investigar su muerte

Libia: Libertad para los presos políticos "¡No a las ejecuciones!"

Nos dijeron que había una “primavera” en Libia, y que la gente reclamaba libertades.

Purificación González de la Blanca

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A dos años del asesinato del coronel Gaddafi a manos de la “rebelión” de la OTAN:  En la bolsa de Chicago 

    En la Bolsa de Chicago -la Bolsa del hambre- brindan con champán francés. Mis condolencias, pues la muerte del Coronel Gaddafi es una pésima triste noticia para todos los anti-imperialistas del mundo y para los Pueblos oprimidos. Su gran error, haber renunciado a profundizar en el desarrollo de las Fuerzas Productivas y en el desarrollo de la soberanía alimentaria.

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El lunes 15 de agosto de 2011, Estados Unidos trató de apoderarse de 1 500 millones de dólares pertenecientes a la Yamahiria libia, robo que Sudáfrica logró impedir en el último momento. Los documentos presentados en aquel entonces, y revelados de inmediato por la Red Voltaire, demuestran que los miembros del CNT y sus funcionarios recibían salarios pagados directamente por un órgano estadounidense. Hoy les ofrecemos el artículo de Thierry Meyssan, publicado desde Trípoli el 16 de agosto de 2011, o sea al día siguiente de aquel intento de robo.

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La entonces representante permanente de Estados Unidos en la ONU, Susan E. Rice.© UN Photo/Paulo Filgueiras

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En Libia no hubo "primavera árabe" y la población no se rebeló contra Gaddafi. Occidente instrumentalizó el movimiento separatista de la región de Cirenaica

En el verano de 2011, Thierry Meyssan aseguraba que no había en Libia ninguna primavera árabe y que la población de ese país no se había rebelado contra Muammar el-Kadhafi sino que los países occidentales estaban instrumentalizando el movimiento separatista de la región libia de Cirenaica. Dos años más tarde, ahí están los resultados: Trípoli ha perdido totalmente el control no sólo de Cirenaica sino también de la región de Fezzan, como han podido comprobarlo los enviados especiales de la ONU. Las riquezas de Libia están ahora en manos de diferentes pandillas y de las transnacionales estadounidenses.

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Bienvenidos a la nueva Libia, un país “liberado” por la OTAN que ahora se encuentra sin los ingresos del petróleo que podrían hacerle rico, sin seguridad ni estabilidad y con unos niveles sin precedentes de asesinatos y de corrupción. 

El viernes pasado [13 de septiembre de 2013] la revista The Economist publicó un informe acerca de la implosión de Libia. Me llamaron la atención las fotografías que lo ilustraban, particularmente una de una pitada en una pared del paseo marítimo de la capital, Trípoli: “El único camino al cielo es el camino al aeropuerto”, decía. 

Esta pintada es indicativa de la difícil situación en la que se encuentra Libia actualmente tras la “liberación” por parte de los bombarderos de la OTAN por aire y de la revolución por tierra que derrocaron el régimen dictatorial de Muammar al-Ghadafi. 

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La tensión prevalece hoy en la ciudad nororiental libia de Bengasi donde cruentos choques entre manifestantes y milicias horas atrás dejaron 27 muertos y cerca de un centenar de heridos.

Ambas partes esperan una intervención de notables tribales para desactivar los enfrentamientos, que siguen a varios incidentes armados y atentados dinamiteros en la ciudad y en esta capital.

Los choques fueron resultado de protestas populares contra el reinado de entidades armadas, en particular la Brigada Escudo Libio, la cual cuenta con el apoyo del Ministerio de Defensa, según testigos.